A propósito de la acción de secuestro impetrada por un ex presidente de la Nación sobre el Diario La Prensa, se han venido lanza en ristre medios y asociaciones de periodistas arguyendo la violación al derecho humano de libertad de expresión.
La virulencia con que se combate ese sagrado derecho a expresarse y emitir sus opiniones, debe ser la misma con que se enfrentan los abusos y violaciones a la honra e intimidad de las personas cuando se acude a la diatriba sin límites amparándose en periodismo y libertad de expresión. Este imprescindible derecho de libre expresión debe ejercerse y protegerse con una coraza impenetrable denominada: “Ética”.
No puede servir de parapeto para abusar, denigrar, incinerar al fuerte o al débil, romper la honra e intimidad de nadie, amparándose con el poder que puede ostentar un medio de comunicación. Quienes dirigen estas casas de información deben fortalecer ese infaltable control interno, edición y publicación de notas debidamente comprobables sin que con ello se inflija la muerte social de una persona, así se encuentre sometida a los rigores de la justicia. Ese es el estado de derecho.
Resulta inadmisible que se vulnere el derecho humano de libre expresión, pero, hace más daño, que se ampare a los poderosos que en ocasiones se convierten en sicarios morales sin que sean sometidos a los estamentos de la justicia. Si bien los DDHH protegen la libertad de expresión, de la misma forma los DDHH protegen la honra e intimidad de las personas, y se deben someter a la ley y la justicia. Nuestro artículo 37 Superior resalta las responsabilidades cuando se atente contra la reputación de las personas. Las notas periodísticas no pueden publicarse sin constatar su certeza precisamente, para evitar que sean intervenidas y sujetas a censura, lo cual sería la muerte para una sociedad.
Nelson Delgado P.