Entre más se incrementan normas para combatir los ascendentes índices de violencia intrafamiliar, con mayor “desasosiego” se manifiestan las falencias del sistema en la interpretación y aplicación de las leyes regulatorias con el evidente auspicio de desdeñosos apoderados judiciales con avidez lucrativa.
La integración de diversas culturas en Panamá, permite que se formen familias, o mejor, familias “ocasionales” que convierten en infiernos sus vidas y las de sus parentelas.
Una madre extranjera de un menor nacido en Panamá, de padre panameño o extranjero, se convierte en prisionera en el país por cárcel, a falta de la firma de un permiso de salida del país de menor que el “padre” niega, si la vulnerable mujer no accede a cuantas exigencias físicas y económicas fijadas por este desalmado progenitor, quien valga decir, tampoco aporta un céntimo para la manutención de ese menor que, por contera, resulta, también víctima del conflicto.
Se convierte en toda una trama intimidatoria auspiciada por engendradores, ya que de padres no tienen nada; por jueces que siguen interpretando las normas en sentido literal, omitiendo principios básicos o elementales como la protección del menor -Art.3 de la Convención de los Derechos del Niño-, unidad e igualdad familiar, derechos de la mujer, o, la razonabilidad y proporcionalidad que deben inspirar toda decisión judicial; y, por apoderados judiciales ávidos de dinero que no ajustan su ejercicio a los principios éticos que rigen nuestra profesión de abogados.
Se arguye por algunos jueces que la madre del menor no tiene arraigo para dejarla salir con su hijo de turismo o a fijar su domicilio en su país de origen por haber sido no solo engañada, sino abandonada en todas sus obligaciones por el engendrador que exige prebendas de todo tipo a cambio de una firma. ¿Qué más arraigo que tener un hijo nacido en Panamá?
¿Dónde queda esa ponderación y sentido de justicia de jueces que, valga resaltar, en la jurisdicción de familia casi todas son mujeres, que no reconocen ni protegen derechos a esas vulnerables y burladas madres que únicamente pretenden un mejor vivir para ellas y sus vástagos en sus países de origen por el reprochable abandono de esos insensibles engendradores?
Nelson Delgado Peña