Es común escuchar tanto a abogados como a legos, principalmente en temas de Derecho de Familia, esa atractiva y altruista frase: “El interés Superior del Menor”. Es tan fuerte que el solo pronunciarla nos inspira sentimientos protectores sobre aquellos seres que vinieron al mundo para alegrar vidas, aunque en muchos casos no hayan sido debidamente planificados; en algunos, solo llegan y tienen también el poder de cambiar vidas.
Ese Interés Superior del Menor se extrae del artículo 3 de la Convención de los Derechos del Niño y, aunque los estados miembros lo han recogido en legislaciones internas, en la práctica, a la niñez se le cercenan sus derechos cotidianamente por los padres y no los hacen respetar muchos operadores de justicia. La niñez es utilizada burdamente como instrumento de negocio para satisfacer egos que los marcan con traumas perpetuos. Muchos niños, son entregados en guarda siguiendo patrones dizque naturales abortando su Interés Superior y poniéndolos a vivir con quien no les conviene.
Quienes litigamos sabemos que en los procesos de familia cuyas disposiciones son de orden público, los progenitores o guardadores se enfrascan en conductas como: Si no pagan la pensión alimenticia no los dejan ver ni departir con el otro padre; Si me deja no los vuelve a ver; es decir, el derecho de mantener contacto directo con ambos sin importar si paga o no alimentos según los términos de la Convención, se convierte en letra muerta. Quien ejerce la guarda del menor, manipula a su antojo al otro padre a cambio de intereses justos o no, con lo cual causa frustración y daño psicológico al menor y al progenitor que ya no comparte habitación con sus retoños llegando hasta el suicidio. Quienes ejercen la guarda de menores los utilizan como el más grande trofeo de negocio y manipulación para satisfacer necedades que muchas veces son nimias frente al derecho sublime del menor que siente y anhela el amor de sus padres.
Aunque en la mayoría de procesos de familia hay menores, lo cierto es que ellos no son más que convidados de piedra, porque, precisamente, por ser niños sus derechos y sentimientos no importan mientras satisfagan a ávidos e insensibles padres y a juzgadores indiferentes. ¡Los Derechos del Menor se deben hacer respetar sin cortapisas!
Nelson Delgado P.